domingo, 19 de enero de 2020

El héroe más olvidado de la historia. Simón Bolívar. Por Pedro Shaio. EL TIEMPO, 15 y 16 (impreso) de enero 2020. NTC ... registro

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El héroe más olvidado de la historia

Nadie en la historia se ha ganado su fama con más trabajo que Simón Bolívar

Por Pedro Shaio 

EL TIEMPO, 15 y 16 (impreso) de enero 2020
https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/pedro-shaio/el-heroe-mas-olvidado-de-la-historia-columna-de-pedro-shaio-452306

Y el recuento de su vida, de la gran Marie Arana, ilustra esta realidad, pues retrata a un Simón de diez años, huérfano y rico heredero, en su ciudad, hecha doscientos años antes por su ancestro Simón de Bolívar, el que puso a producir y comerciar a Caracas. Bien amado y criado por Hipólita, la africana que fue, dijo después, “mi único padre y mi única madre”, se escapa de los salones y vive en las calles de una ciudad de doce cuadras por dieciocho, vive con la gente, desde hijos de esclavos recién llegados a sobrevivientes de indígenas. O con españoles, bien sea conquistadores, de la Península; o colonizadores, de Canarias; añádanse comerciantes árabes y judíos, y agentes de algunos imperios. Conoció a todas las clases y todas las generaciones. Para un niño de diez años, ¡moverse a su antojo por semejantes ríos humanos! O agarrar un caballo y salir a perderse al campo, donde era un rey en miniatura.

Pues fue esa tremenda vida la que le dio a Bolívar su amor por la libertad. Solo acaso su profesor Simón Rodríguez alcanzó a aprehenderlo aprendiendo, por allá en un paseo, como Rousseau. Su único período de educación formal acaeció en la biblioteca del venezolano marqués de Ustáriz en Madrid, y en sus salones, por ahí a los dieciséis y diecisiete años.

Pero no tuvo maestro. El maestro de Simón fue la calle. Fue por la calle que, después, pudo sacar ejércitos de la nada como un mago, veinte veces en su vertiginosa y fantástica carrera militar. Derrotado completamente, se iba, por ejemplo, para alguna isla caribe a lamerse las heridas, y en un momento dado, después de días escribiendo y correspondiendo, se situaba en algún punto del Imperio español de América. Y de la nada, no, de la calle armaba un ejército con sabia minucia, encontraba un blanco irresistible, se ingeniaba cómo atacarlo, se iba con todo. Y triunfaba. Veinte veces, si no más.

Nadie en la historia se ha ganado su fama con más trabajo que Simón Bolívar.

Fue todo un general, pero en el momento en que conquistaba algo, se ponía a ordenarlo. Padre de la patria por vocación. Por querer cuidar lo ganado, entonces, le empezaron a decir dictador.

Pero si Bolívar no tuvo vocación de rey. Más bien quiso ser presidente vitalicio, para garantizar el orden. Porque con el sacrificio de sus hombres (es que la independencia costó un millón de vidas) se ganaba una ciudad, digamos, y la dejaba administrada por un individuo. Y después volvía. Y encontraba un caos.

Los hombres principales no sabían administrar el poder. Pero ¿qué iban a saber? O eran aventureros, o les había tocado ser coloniales, gente subalterna de un poder imperial; y eso durante siglos. Su misma sociedad se fundó como colonia. Sabían obedecer y desobedecer. Pero no existir en libertad; ni tenían casi educación o medios culturales y artísticos. ¿Iban a poder organizar el poder y entender cómo ejercerlo?

Solo que en un momento dado, es probable que hacia 1930, en Colombia empezó a crecer la cantidad de gente sin tierra, sin casa. Gente sin manera de sobrevivir con dignidad.

Y ya un siglo antes, Bolívar, antes de morir, tuvo que enfrentar el hecho trágico que encerraría esta creación de una subclase: que las repúblicas que libertó con gloria, entregando su vida en la lucha, no sabrían gobernarse en paz y prosperidad. Por eso es el héroe más olvidado de la historia.

“He arado en el mar”, se lamentó.

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